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lunes, 10 de agosto de 2015

(IN)JUSTICIA MEDIOAMBIENTAL EN PALESTINA (II): LOS EFECTOS DE LA OCUPACION Y EL MURO SOBRE LA POBLACION AGRICOLA DE QALQILYA



Situada en el norte del país, la ciudad de Qalqilya ha sido históricamente reconocida como el "granero" de Cisjordania, llegándose a exportar parte de su producción agrícola a otros países de la región como Irak. Sin embargo, y a partir de la construcción del muro de separación por parte de Israel, su producción no llega ni a abastecer a la propia población local.  

Imagen desde el satélite de Qalqilya desde donde se puede ver como la ciudad esta sitiada por el muro con una única entrada
 

Desde 2002, los propietarios de las tierras de esta ciudad han visto como los planes por parte de Israel de construir un muro que rodeara la ciudad, han tenido como consecuencia directa la confiscación de sus tierras mas allá incluso de la propia frontera que debería separar a Israel y Palestina.

El muro que rodea la ciudad tiene 8 metros de altura y está igualmente rodeado por una zanja de 4 metros de ancho y 2 metros de profundidad, además de alambradas y un camino militar por el que patrulla el ejército israelí. El único punto de entrada a la ciudad, está controlado por Israel a modo de fortaleza, ademas de ejercer como lugar de control y exclusión de la población palestina.

A partir de la construcción del muro, se decretó un área de seguridad de 35 metros, lo que implicaba la destrucción de cualquier propiedad palestina, incluyendo casas, granjas, campos de cultivo, pozos de agua o invernaderos que se encontraran en este perímetro.

Teniendo en cuenta la proporción de tierras confiscadas en la zona, se considera que aproximadamente unos 3.000 dunams (un dunam equivale a 1.000 metros cuadrados) de tierras agrícolas han sido confiscadas, lo que representaría casi el 50% de las tierras agrícolas de la ciudad. Igualmente, 19 pozos de agua en este territorio fueron confiscados (lo que equivaldría aproximadamente al 30% del suministro de agua de la ciudad).

Como resultado de la estrecha dependencia que tienen los habitantes de Qalqilya con respecto a la tierra, el agua y la agricultura, y los impactos que sobre sus medios de vida ha tenido el muro, la población local ha sufrido un continuo empobrecimiento, al negárseles los medios de subsistencia y el acceso a los recursos naturales de los que históricamente han hecho uso (alrededor de un 45% de la actividad económica local depende del campo). 

Fruto de este proceso militar, político, social ecónomico y medioambiental de expulsion vinculado a la ocupación, la población local se ha visto paulatinamente reducida durante la última década, viéndose forzados un gran número de sus habitantes a migrar hacia otras zonas de Cisjordania. Este progresivo exodo de la población local facilitaría una posible anexión israelí de la ciudad, haciendo de la misma un proceso demográficamente "aceptable".

Como un ejemplo del sufrimiento y las condiciones restrictivas que sufre la población en Qalqilya, encontramos el caso de una familia de agricultores que visitamos en las afueras de la ciudad junto al muro. En este caso, observamos como el muro atravesaba una pequeña plantación agrícola, con gran parte de la tierra junto con las instalaciones de agua y drenaje estando del lado israelí del muro. 

Campos anegados tras algunas de las inundaciones provocadas por la existencia del muro
Las limitadas condiciones de la parte restante del lado palestino se expresan especialmente en la capacidad de drenaje del campo y las periódicas inundaciones de aguas residuales provenientes de las poblaciones israelíes cercanas. El muro, al estar construido a diferentes alturas, con la parte israelí más alta que la Palestina, sirve como sumidero de residuos desde la parte israelí a la palestina, estando las compuertas de control y desagüe bajo el control del ejercito israelí, lo que deja a las familias agrícolas de la parte palestina a expensas de Israel y sin capacidad de reacción ante situaciones adversas, ya fueran naturales por el aumento de las lluvias o frente a la avalancha de residuos y aguas residuales provenientes del otro lado.  










martes, 4 de agosto de 2015

(IN)JUSTICIA MEDIOAMBIENTAL EN PALESTINA (I): VERTEDERO ILEGAL ENTRE LAS POBLACIONES DE JAYUS Y AZZUN


Durante los siguientes post voy a contar parte del trabajo que he hecho en Palestina durante el último año. Con el apoyo de la Organización Palestina de Derechos Humanos "Al-Haq" y la Fundación Alemana "Heinrich Böll" y junto a los investigadores Benjamin Pontin y Vito de Lucia, trabajamos sobre varios casos de violaciones de derechos humanos vinculados a la ocupación y la acción sobre el medioambiente. A partir de esta aproximación inicial, el trabajo se dirige hacia la búsqueda de avenidas legales para hacer responsable a las autoridades y empresas israelíes de estas acciones. Este trabajo inicial se ha visto reflejado en el documento titulado "Environmental Injustice in Occupied Palestinian Territory" con versiones en inglés y árabe. 

Con la idea de ir explicando más a fondo el trabajo y los objetivos futuros del mismo, me limito por el momento a explicar en sucesivos post algunos de estos casos. Comienzo con el caso de un vertedero ilegal al norte de Cisjordania cerca de la ciudad de Qalqilya. 

Del mismo modo, estos casos están explicados en el proyecto del "Atlas de Justicia Medioambiental"  elaborado por la Universidad Autónoma de Barcelona.



El vertedero ilegal situado cerca de la ciudad sitiada de Qalqiyah, entre las villas de Jayus y Azzun, se encuentra sobre un acuífero que abastece de agua potable a los miles de personas que viven en ese área.


El vertedero entró en funcionamiento en 1989, siendo utilizado para verter los residuos industriales y químicos de las fábricas israelíes situadas en el interior de la Línea Verde, así como los residuos domésticos de las colonias israelíes cercanas de Wadi Qana.


Durante varios años las autoridades locales presentaron diversas quejas a la Administración Civil Israelí en Cisjordania alegando los impactos negativos para la salud del vertedero,  aunque de una forma infructuosa ya que no se llegaron a tomar acciones que evitaran estos vertidos. 


Sin embargo, y tras el establecimiento de la Autoridad Palestina en 1993, los Consejos de las villas y municipios cercanos al vertedero redoblaron sus intentos por cerrar el vertedero, aunque el vertedero no dejo de ser utilizado hasta que alcanzo el límite de su capacidad en el año 2000.




Como resultado, los campos de olivos plantados alrededor del vertedero ofrecen un producto insalubre e imposible de vender en el mercado a causa de un riesgo indeterminado de contaminación. Sin embargo, no existen investigaciones en profundidad que pudieran evaluar y actuar sobre el riesgo evidente de contaminación de agua subterránea debido a los procesos de lixiviación de los vertidos sobre el acuífero. La calidad del agua bombeada hacia los hogares desde el pozo local no parece haber sido monitorizada en profundidad para controlar la presencia de dioxinas cancerígenas o cualquier otra mezcla de contaminantes similares asociados vinculados a los vertidos. De hecho, la población y autoridades locales no tienen acceso a los registros con la información referente al tipo de residuos que se han vertido históricamente en el sitio. 


Del mismo modo, no existe una cerca o cualquier notificación sobre los peligros asociados del lugar, a pesar de la cercanía de las villas y la atracción que pudiera ejercer el lugar como campo de juego para niños, llegándose a reportar diversos casos de niños que han sufrido problemas de salud (erupciones u otras enfermedades) como consecuencia de haber entrado en contacto con el lugar.




Otro efecto perjudicial tiene que ver con las combustiones espontaneas del vertedero, lo que implica un riesgo asociado inherente. Otro efecto tiene que ver con el todavía uso del vertedero de una forma ilegal.


No obstante, el impacto más importante sobre la salud de las personas, vinculado a lo anteriormente mencionado sobre la evidente contaminación medioambiental de los vertidos, tiene que ver con la desproporcionada alta incidencia de casos de cáncer entre la población local.


En este sentido, el Departamento de Medio Ambiente de la Autoridad Palestina llevo a cabo un estudio en 2004 sobre el efecto del vertedero en las comunidades circundantes. Junto con los ya comentados efectos sobre la salud de las personas, se encontró la presencia de más de 17 materiales tóxicos en el vertedero, algunos de los cuales se encuentran prohibidos a nivel internacional.

En este ejemplo se encapsulan toda una gama de cuestiones de justicia medioambiental que han llamado nuestra atención. Hay cuestiones de procedimiento, ya que no existe un sistema para la recogida de información sobre el efecto del vertedero en la calidad de las aguas subterráneas y, en consecuencia, la salud humana. En este sentido, la población palestina no tiene medios para estar informada sobre los riesgos a los que está expuesta, con el objetivo de que pudieran llevar a cabo cualquier acción disponible de denuncia. Sustantivamente, si el vertedero es causa del cáncer en proporciones epidémicas, tal y como se teme por parte de las autoridades y la población local,  este caso podría tener un amplio alcance penal en el ámbito internacional.